domingo, 20 de febrero de 2011

Tatiana

Cuando llegó a la puerta del centro le advertí a mis compañeros que no debíamos recibirla porque unos meses antes se había escapado causando grandes destrozos en el lugar. En principio la rechazamos pero fuimos obligados a atenderla. Tiene la piel dañada por el vicio. Su participación en los talleres de lectura fue asombrosa, nunca perdió detalle de una historia. Se echaba la bendición cuando su abuela la bendecía por el teléfono.

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